Recuerdo haber escrito en 2006, que el susto que provocaba la supuesta inexperiencia o inexpertise de Bachelet era lo que más me gustaba de su asunción. Y es que por fin, decía, menos dedos indicando exactamente qué hacer y más observación. Claro, todos estarían “pendientes” de esta primera mujer en el poder: si lo hacía bien, si lo hacía mal. Los típicos genios publicistas se dieron cuenta de esto antes y no dudaron de hablar del “gobierno inclusivo”, frase repetida muchísimas veces en campaña y en primeros discursos de Michelle ya en el gobierno.
Y de hecho, relacionado con lo mismo nace uno de los tantos miedos desprendidos de la llegada de Piñera al poder. Que estemos tan cansados de criticar y de no saber cómo usar las herramientas de ciudadanía para exigir nuestros derechos, que hayamos escogido a este empresario (que es más bien especulador) para que haga toda la pega por nosotros.

Salón del Mal