¿De dónde sacas las ideas?


Hoy es el día del cómic gratis en Estados Unidos y Canadá. Debería ser mundial, pero no lo es.

Y como esta mitad de SPM es tremendamente fanática de los comics, decidimos hacer algo por este día, en forma de un homenaje al favorito de favoritos: el señor Neil Gaiman.
Habrán de saber que además de Coraline, este escritor inglés es el autor de la grandiosa novela gráfica Sandman, que hoy por hoy me quita el sueño, me da pesadillas, me produce ineficiencia universitaria y un exceso de creatividad. Tiene novelas y cuentos en su biografía, además de haber ayudado con la adaptación de la princesa Mononoke, y el art book del disco de Amanda Palmer, Who Killed Amanda Palmer?

En su sitio web, www.neilgaiman.com ,hay infinito material. Él mismo lo actualiza como un diario de vida cada cierto tiempo. Además, obviamente, del siempre bien ponderado Twitter, donde yo lo sigo compulsivamente.
En la sección Cool stuff and Things, encontré este ensayo sobre cómo un escritor obtiene sus ideas, y la explicación que Gaiman decide dar. Lo traduje al español, además de linkearlo con viñetas extraídas del tercer volumen de Sandman, País de Sueños.

¿De dónde sacas tus ideas?


Toda profesión tiene sus escollos. A los doctores, por ejemplo, siempre les piden consejos médicos gratis, a los abogados les piden información legal, a los directores de pompas fúnebres les dicen que cuán interesante es su profesión y después la gente cambia rápidamente de tema. Y a los escritores nos preguntan de donde sacamos nuestras ideas.

Al principio, solía dar respuestas no muy divertidas, poco serias: ‘Del club La Idea del Mes’, decía, o ‘De una pequeña tienda de ideas en Bognor Regis’, ‘De un libro polvoriento lleno de ideas que está en mi sótano’, o incluso ‘De Pete Atkins.’ (Esta última es ligeramente esotérica, y puede necesitar una pequeña explicación. Pete Atkins es un guionista y novelista amigo mío, y decidimos hace un tiempo que cuando nos preguntaran, yo diría que las sacaba de él, y el que las sacaba de mí. En es tiempo parecía tener sentido).

Después me cansé de las respuestas no muy divertidas, y en estos días contesto con la verdad:
‘Las invento’, les digo. ‘En mi cabeza’.

A la gente no le gusta esta respuesta. No sé por qué. Se ven infelices, como si estuviera tratando de hacerlos tontos. Como si fuera un gran secreto, y, por una razón propia, no les estuviera contando como se hace.

Y por supuesto que no es así. Primero, yo mismo no sé de donde vienen las ideas, qué las hace venir, o si es que algún día desaparecerán. Segundo, dudo que quién pregunte de verdad quiera una lectura de tres horas sobre el proceso creativo. Y tercero, las ideas no son importantes. Realmente no lo son. Todos tiene una idea para un libro, una película, una historia, una serie de televisión.

Todo escritor publicado lo ha vivido –gente que se acerca para contarte que Tienen Una Idea. Y hombre, es Genial. Es tan Genial que quieren que participes en ella. La propuesta es siempre la misma –te dicen la idea (la parte difícil), tú la escribes y la transformas en una novela (la parte fácil), los dos pueden dividir el dinero 50-50.

Soy razonablemente gracioso con esta gente. Les digo, de verdad, que ya tengo demasiadas ideas y demasiado poco tiempo. Y les deseo la mejor de las suertes.

Las Ideas no son la parte difícil. Son un pequeño componente del todo. Crear personas creíbles que hacen más o menos lo que tú les dices es mucho más difícil. Y lo que es más difícil, es el proceso de simplemente sentarse y poner una palabra después de la otra para construir lo que sea que estés tratando de construir: hacerlo interesante, hacerlo nuevo.

Pero aún, es la cuestión que la gente quiere saber. En mi caso, también quieren saber si las obtengo de mis sueños. (Respuesta: no. La lógica del sueño no es la lógica de historias. Transcribe un sueño, y veras. O mejor aún, cuéntale a alguien un sueño importante –‘Bueno, yo estaba en una casa que era mi vieja escuela, y había una enfermera que en verdad era una vieja bruja y después se fue pero había una hoja y yo no podía mirarla, y sabía que si la tocaba algo terrible sucedería…’ –fíjate cómo sus ojos se aburren). Y yo no doy respuestas directas. Hasta recientemente.

Mi hija Holly, de siete años, me persuadió para que fuera a dar una charla a su curso. Su profesora estaba muy entusiasmada (‘Los niños han estado haciendo sus propios libros últimamente, por lo que a lo mejor usted podría venir y contarles cómo es ser un escritor profesional. Y contarles muchos cuentos. Les encantan los cuentos’) así que fui.

Se sentaron en el suelo, yo tenía una silla, quince pares de ojos de siete años me miraban fijamente. ‘Cuando tenía su edad, la gente me decía que no inventara cosas’, les dije. ‘Hoy en día, me pagan por hacerlo’. Durante veinte minutos hablé, después contesté preguntas.

Y eventualmente uno de ellos lo preguntó.

‘¿De dónde saca sus ideas?’

Entonces me dí cuenta que les debía una respuesta. No eran lo suficientemente grandes como para entenderlo mejor. Y es una pregunta perfectamente razonable, si no te la hicieran semanalmente.

Esto es lo que les contesté:

Las ideas se obtienen de soñar despierto. Las ideas se obtienen de estar aburrido. Las ideas se obtienen todo el tiempo. La única diferencia entre los escritores y el resto de la gente, es que nosotros nos damos cuenta cuando las tenemos.

Obtienes ideas cuando te haces preguntas simples a tí mismo. La más importante de ellas es, ¿Qué pasaría si…?

(¿Qué pasaría si me levantara con alas? ¿Qué pasaría si tu hermana se transforma en un ratón? ¿Que pasaría si todos descubrieran que la profesora está planeando comerse a uno de ustedes al
final del curso –pero no supieran a quién?)

Otra pregunta importante es, Si solo…

(Si tan solo la vida real fuera como es en los musicales de Hollywood. Si solo pudiera encogerme a mi mismo al tamaño de un botón. Si solo un fantasma hiciera mi tarea.)

Y luego están las otras: Me pregunto… (‘Me pregunto que hará cuando está sola…’) y Si esto sigue así… (‘Si esto sigue así, los teléfonos empezaran a hablarse entre ellos, y eliminarían al intermediario…’) y No sería interesante que… (‘¿No sería interesante que el mundo estuviera gobernado por gatos?)…

Esas preguntas, y otras parecidas, y las preguntas que generan sus respuestas (‘Bueno, si los gatos gobernaban el mundo, ¿por qué ya no lo hacen?, ¿y cómo se sienten respecto a eso?), son algunos de los lugares desde donde vienen las ideas.

Una idea no tiene que ser la noción de una trama, solo un lugar donde comenzar a crear. Las tramas normalmente se generan cuando uno se comienza a preguntar a sí mismo sobre cualquiera que sea el punto inicial.

A veces una idea es una persona (‘Hay un niño que quiere saber de magia’). A veces es un lugar (‘Hay un castillo al final del tiempo, que es el único lugar que existe…’). A veces es una imagen (‘Una mujer sentada en una habitación oscura llena de caras vacías.’)

A menudo las ideas vienen de dos cosas que se juntaron, y que nunca antes lo habían hecho. (‘Si una persona mordida por un hombre lobo, se transforma en un lobo, ¿qué pasaría si a un pez dorado lo mordiera un hombre lobo? ¿Qué pasaría si una silla fuera mordida por un hombre lobo?’)

Toda ficción es un proceso de imaginar: lo que sea que escribas, en cualquier género o medio, tu tarea es hacerlo convincente, interesante y nuevo.

Y cuando tienes una idea -lo que es, después de todo, meramente algo de lo que te agarras mientras comienzas -¿qué pasa?

Bueno, entonces escribes. Pones una palabra después de otra hasta terminar –sea lo que sea.

A veces no funcionará, o no de la forma que imaginaste. A veces simplemente no funciona. A veces lo desechas y comienzas de nuevo.

Recuerdo, hace unos años atrás, comencé con una idea perfecta para la historia de Sandman. Era sobre un súcubo que daba a los escritores y artistas y cantautores, ideas a cambio de un poco de sus vidas. Lo llamé Sexo y Violetas.

Parecía una historia concreta, pero no fue hasta que comencé a escribirla que descubrí que estaba intentado tomar arena fina: cada vez que creía sostenerla, se me resbalaba entre los dedos y desaparecía.

En ese tiempo escribí:

‘He empezado esta historia dos veces y cada vez llegué a mitad de camino sólo para verla morir en la pantalla’.

Sandman es, ocasionalmente, un cómic de horror. Pero nada de lo que había escrito en él se me había metido tanto en la piel como esta historia que ahora tendré que terminar abandonando (con el plazo ya en el pasado). A lo mejor porque me es muy cercana. Son las ideas – y la habilidad de traspasarlas al papel, y transformarlas en historias – lo que me hace un escritor. Lo que quiere decir que no tengo que levantarme temprano en la mañana, sentarme en un tren con personas que no conozco, e ir a un trabajo que desprecio.

Mi idea del infierno es una página en blanco. O una pantalla en blanco. Y yo, mirándola, incapaz de pensar en ninguna cosa que valga la pena decir, ningún personaje en que la gente pudiera creer, ninguna historia que no haya sido contada antes.

Mirar una página en blanco.
Para siempre.

De todas maneras logré escribir algo. Me desesperé (esa es otra divertida y verdadera respuesta que doy a ¿de dónde sacas tus ideas? ‘Desesperación.’ Está ahí junto con ‘Aburrimiento’ y ‘Plazos’. Todas estas respuestas son verdaderas en cierto punto) y tomé mi propio horror, la idea central, y elaboré una historia llamada Calliope, que explica, creo que bastante definitivamente, de donde los escritores obtienen sus ideas. Está en un libro llamado País de Sueños. Pueden leerlo si quieren. Y, en algún lugar de esa historia, dejé de estar asustado de que las ideas se me escaparan.

¿De dónde saco mis ideas?

Las invento.

En mi cabeza.


Where do you get your ideas? (1997)

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