Lo que todos desean pero pocos obtienen,

yo lo tengo. Lo tuve mejor dicho, pero el recuerdo lo atesoraré para siempre.

Tal vez les haya pasado a algunos de ustedes, o a lo mejor aún no han experimentado la rabia, la frustración, y las ganas de regalar una “patada en la raja con caramelo” (como dicen por ahí) cuando algún imbécil hace una maniobra estúpida que atenta contra la integridad de tú automóvil o peor, contra tú vida. Estoy hablando de esas veces en las que un auto se te tira encima, dobla en segunda fila, o realiza cualquier maniobra amorfa, no se fija que tú estás pasando  y por lo tanto te obliga a frenar a la velocidad del rayo haciendo chirriar los frenos y bajándote la presión, para evitar un accidente.

A todos nos ha pasado. O al menos a la mayoría. Bueno, hoy -gracias- un auto osó lanzarse contra mí Benito (my car, dude) al cambiarse de pista justo cuando yo venía pasando. Obvio: frené brigidamente de improviso y arriesgué no solo el costado de la trompa de mi auto, sino que también el derriere, pues los que venían atrás podrían no haber reaccionado y entonces hubiera sido un choque en cadena.

Que imbécil. No hay nada peor que esa gente.

Pero ahora estoy feliz y contenta porque sí -señoras y señores -un CARABINERO estaba en la esquina controlando el tránsito para chequear que la gente pagara con su bip,  justo cuando sucedió el casi accidente y ¡sí! detuvo a mi atacante.

Sopló el pito de la gloria, le indicó que se “orillara” y PAM! (no sé si le sacaron un parte porque me fui, pero de que le dijeron algo, estoy segura).

Llegué a mi casa tranquila: Gracias señor Carabinero, ahora odio un poco menos a su gremio.

Resultado: Isi 1 Imbécil 0

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