Más allá de la admiración que siento por estos dos artistas, más allá de que engloben en sí mismos la cúspide de la creatividad y sean el ejemplo máximo que se viene a mi cabeza de lo que un comunicador puede crear…
se me fue la idea, lo siento.
Probablemente quería decir algo así como: “Es extraño el concepto de Googlear a alguien, se me hace conocido”, “Debería existir una nueva religión entorno a ellos, dónde Amanda Palmer sea la fecundadora y Neil Gaiman sea el cáliz, uno el muso inspirador del otro -¿Calliope?- y que todo culmine en una trilogía de esperanza creadora, cuyo apocalipsis sea una combustión de energía revitalizante, una bomba H de ideas, la verdadera sangre, la verdadera alianza, lo nuevo y eterno, disponible para todos los que lo deseen, a la distancia de un clic”.
Neil Gaiman escribió la letra, Amanda Palmer compuso la canción. Se aman en la vida real, y copulan maravillosamente en la otra existencia, esa que sobre el escenario se transforma en realidad. ¿Me entiendes? Es cómo… eso, exactamente lo que dije.
Hablando de Frank Sinatra, ¿no cierto? Si quieren ver una mejor versión, con bonitas imágenes de Neil Gaiman mirando a Amanda Palmer con cara de “Sí, la amo”, entren a Spin.
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