Glee: Vitamina a la Vena

Bajé el primer capítulo de Glee la semana pasada porque quería ver alguna serie mientras hacía ejercicio en la elíptica que hay en mi edificio. Hacer ejercicio para mí es fome, me aburro. Antes veía Lost, pero llegué a la 4ta temporada y dejó de entretenerme, así que me vi forzada a buscar una nueva serie que me acompañara en mi cruzada “Por un verano en Topless”. Me incliné por Glee porque los paraderos de micro la recomendaban, porque en E! la reseñaron bien, y porque los nerds twitteros ya la estaban bajando ilegalmente antes de que comenzara la transmisión oficial en cable, esta vez a cargo de Fox -canal 57 de VTR.

Me puse mi equipo de gimnasia, agarré mi laptop y bajé al primer piso para trabajar en mis muslos mal acabados por el exceso de internet y la calidad inigualable de los Cuarto de Libra con Queso, en una rutina de ejercicios que considera 50 minutos de elíptica y una serie de abdominales mal hechos supongo, porque a lo largo de los meses mi guata sigue pareciéndose más a la de un chelero cincuentón que a la de Britney Spears. En fin… el caso es que bajé a trotar con Glee. Y fue lejos la mejor decisión que pude tomar, porque entre los personajes nerds estereotipados, las burlas a los tópicos de adolescente gringo (castidad, marihuana, universidad), y los cantos desarrollados utilizando los mejores elementos de la cultura pop, me dieron ganas de seguir trotando hasta alcanzar los 90-60-90 anhelados, y así poder ser como ellos: un estandarte nerd que te hace sentir orgulloso.

Actualmente esta serie es un éxito en Gringolandia: el piloto debutó con 10 millones de espectadores, superando a Hannah Montana, y hasta la fecha no se ha bajado de los 7 millones. El show fue creado por Ryan Murphy, Brad Falchuk e Ian Brennan y estaba pensado como una película. Pero finalmente se decidió que quedara como una serie para acompañar a American Idol, que también es transmitido por la cadena Fox en USA. Glee es el nombre de un grupo extraprogramático de colegio, donde los chicos en vez de cantar “La Chivita” como los Scouts, juegan a ser actores de Broadway que cantan y bailan. Pero resulta que en esta secundaria los musicales son para nerds, asi que nadie quiere entrar al grupo Glee, con excepción de un gay, una negra, una pseudo gótica Avril Lavigne, un paralítico nerd, un Mariscal de Campo y una rechazada social que es hija adoptiva de una pareja homosexual. Y nadie los pesca, y todos los miran feo, y las cheerleaders los odian porque se robaron al Mariscal de Campo y la negra es terrible de mathafacka y el paralítico no sé si está ahí para parodiar a Stephen Hawking o para que el grupo de más lástima todavía.

El caso es que son los típicos adolescentes rechazados, guiados por el típico profesor que tiene fe en los nerds, boicoteados por los típicos profesores que quieren que sólo las cheerleaders y los fubtolistas sean exitosos, mirados de reojo por el resto del colegio y admirados por quienes aún no se atreven a luchar por expresarse. Es así de cuático. Y mientras todo esto pasaba yo trotaba y trotaba y transpiraba, y de hecho me dieron infinitas ganas de bajarme al principio, hasta que cantaron esta canción.

A muchos críticos les ha molestado que sean tan estereotipados los personajes, y que la idea sea un menjunge a lo High School Musical pero son las típicas huevadas de periodista amargado que quiere ser nerd pero no le da para tanto. Porque admitámoslo, si los vampiros están de moda en el mundo de la fantasía, los Nerd -gracias a Glee y The Big Bang Theory -son ahora los nuevos médicos (E.R) o abogados (Justicia Ciega) de las producciones gringas. Ahora, ser nerd es ser Cool. Y da lo mismo que las situaciones puedan ser obvias, lo importante es que la serie hace reír, es innovativa al momento de mostrar el lado B de los personajes, tiene una buenísima selección de canciones poperas, como es el caso de Gold Digger de Kanye West, por ejemplo. Es rápida y sobre todo, es feliz. Lo más importante, creo yo, es eso: que el canto está incerto en el escenario del colegio la mayoría de las veces, y en menor grado son una especie de monólogo interior de los personajes en plena reflexión sobre su ser interior, pero siempre, ¡siempre!, es presentado como un escape simpático, como una forma de expresión válida y no discriminante, que pretende despertar en el espectador la necesidad de romper la incercia. Es felicidad.

Aunque es cierto, Glee puede ser una suerte de High School Musical para adultos jóvenes, pero qué importa. Lo genial es que está bien actuada, está bien producida, es divertida y hace que los 50 minutos de elíptica se te pasen volando, y te dan ganas de sacar coreografías varias y cantarle a la gente en la calle para decirles que eres feliz. Incluso da nostalgia de la época colegiala: “quizás hubiera sido menos nerd si es que mi colegio hubiera tenido un grupo de canto al estilo Broadway”.

Y para que vean lo que les digo, les dejo aquí un video del reparto juvenil de Glee, interpretando el himno nacional gringo en uno de los millones de partidos de béisbol que hay en los estados juntos. Para que vean que sí cantan bonito, y que allá son terrible de populares.

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One Reply to Glee: Vitamina a la Vena

  1. fran dice:

    Me gusto mucho Glee, aunque me dio lata bajarmela asi que la vi en el Fox. si tiene muchos cliches y todo, pero q tanto. es una serie feliz y entretenida!

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