-Tu olor? – dije después de un rato, deseando haber procesado más rápido la pregunta o una mejor respuesta. Al parecer mi falta de celeridad la entristeció y coartó su teoría.
- Sí, o sea… no mi perfume. – me contestó con desgano.
- Como tu olor corporal?
- Sí, bueno filo, no importa.
- Uhm, sí. O sea, no me molesta. Es rico, no sé a que, pero es agradable dormir al lado tuyo. – comenzaba a sonar sobreinteresado.
- Yo creo que el olor, el aroma, cómo huele una persona es muy importante en la pareja, no me refiero a los olores, si alguien huele mal obviamente no podrá ser feliz con nadie. Pero las parejas necesitan sobretodo oler bien entre ellos. A mí me gusta tu olor.
- A mí también me gusta mi olor. – sonreí y ella también – Una vez conocí a una chica por Internet, viajé varios kms para verla, de verdad era guapa… o al menos más guapa que el tipo de niñas con el que solía relacionarme en ese tiempo. Apenas me bajé del bus la vi de lejos y parecía un sueño, pero cuando se acercó a mí me quedé paralizado, su aroma me paralizó, no era un mal olor, como bien dices, era simplemente que yo no podía relacionarme con eso. De hecho me llamó la atención diciendo “Abrázame poh”.
- Que asco.
- Su olor? Sí.
- No, pedirle a alguien que te abrace.
- Ah, no es para tanto. Jamás le has pedido a alguien que te abrace?
- No en esta vida.
- Nunca?
- No, la gente me abraza porque quiere, no porque yo se los he pedido. Como tu, que nunca me has abrazado cuando llegas del trabajo.
- Mmm, bueno tampoco soy lo que diríamos un “contenedor”.
- Lo sé, gracias a Dios por eso.
- Por qué? Pensé que a las mujeres les gustaban ese tipo de personas.
- Lo dices como si fuéramos una manada de elefantes. Estudiando nuestro comportamiento en conjunto, creando leyes al respecto.
- Sólo decía.
- A mí no me gustan los contenedores, invariablemente vienen con un extra que detesto.
- Qué cosa?
- Consejos.
- Cierto.
- Existirá algo más desagradable que alguien que tiene tu misma edad, o uno o dos años más que tu y hasta en el peor de los casos incluso menos años que tu, pontificando acerca de lo que deberías o no hacer en tu situación? que asco.
- No es tan grave tampoco.
- No sé, no acepto consejos de personas que tengan menos de diez años más que yo.
- Es una buena ley, prejuiciosa, pero buena.
Había terminado de poner la cinta correctamente, ahora la probaba sobre una hoja nueva, al tipear una o dos palabras la cinta se trancó. La había puesto al revés. Me miró con simpatía por mi fracaso, suspiré y la vi sentada en la cama como un jefe indio, sonrió y se levantó. Para cuando me abrazó viniendo desde detrás de mí apoyando su peso en mi espalda y su mejilla en la mía, pensé que en realidad sí me gustaba mucho su olor, más de lo que me ha gustado el de nadie antes. Tenía que corromper el momento de alguna forma.
- Ahora me gané un consejo? – pregunté.
- Por supuesto, me pediste este abrazo.
- Que mentira! – reí mientras decía esto.
- Con tu cara de perrito apenado.
- Ok, cuál es mi consejo?
- Vamos a dormir.
Apagué la luz y me sumergí entre las sábanas.
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Cierto. Sé que me gusta de verdad alguien porque siento su olor a… no sé, un metro de distancia?
Además, me parece que las parejas al tiempo empiezan a crear un olor propio, reconocible solo por ellos. Es una mezcla de las salivas creo yo… su saliva, mi saliva, que están tan mezcladas que generan un olor propio, y que se queda en mis labios y entonces es como si lo estuviera oliendo a él.