Confesiones desde Narnia: la reputación

Abraham Lincoln small

Se me hizo. Se me congeló la libido, como dicen por ahí. O se me paralizó el hoyo de puro miedo. No, no hice nada finalmente con el gringo (o si lo hice, nunca lo sabrán). Je. Porque eso es todo el fucking point de estar metido en Narnia. El miedo. La reputación. No quiero ser un puto, ni menos aparentar que lo soy. Porque no lo soy. Sí, claro, me he encamado varias veces, pero siempre con el miedo de que concha, esta vez sí que sí me agarro alguna enfermedad venérea, el test de Elisa se me va ir a la mierda, aunque lo haya hecho con tres condones y sin nada de cosas raras (lo dejo a su imaginación, pura y prístina, para que piensen qué me han llegado a pedir). Pero como digo, todo, a fin de cuentas, se reduce al miedo, a la reputación, a la gracia de estar en Narnia. A que a fin de cuentas soy “un niño bien”, voy a misa los domingos, y siempre hay culpa, por todo. Aunque sea sólo una mirada libidinosa.

Hablé esto con mi amigo C., un chico guapísimo y tan flaco que siento que viene llegando de Somalia, aunque en verdad viene llegando de España, joder. Y él me decía que la paja acá, en Santiago, es que todos se conocen. El mundo es un pañuelo con mocos en el ámbito gay, todos manejan los mismos espacios, las mismas vueltas, los mismos tragos y bailes maraco-gay-under hot de una noche putona. Lo que decía C. es que en la vida, siempre, todos tienen una reputación. Todos. Incluso la virgencita que se persigna con sus perlas en la UC es una perra encubierta, de una forma u otra. Y eso solo se tiene una vez. Por eso C. sale con chicos bien, porque él es un chico bien, o aparenta serlo. Yo también soy un chico bien. Creo. “Bien maraco”, me respondió I. Y ahora J. no me habla, porque no sabe si dejé al gringo pagando o si fui al famoso hotel y me hice rico por una hora. Las reputaciones son como las naranjas de una malla. Hay algunas podridas, otras con hongos, y las que se ven buenas, sólo una vez que la pelas sabes si son dulces o ácidas. Todo es relativo, y a fin de cuentas, me dice C., todo depende en saber mentir, que tu imagen tenga un lavado muy bueno para limpiar los sucios calzoncillos de puto.

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3 Replies to Confesiones desde Narnia: la reputación

  1. Pro.ana dice:

    claro que si, en españa la gente sera puta, pero te lo dice de frente y nadie se queja. aqui tienes que aparentar ser puritano para poder enrollarte con alguien y despues terminan los dos encamaos “vaya que les duro lo puritanos”, si al final todos van a lo que van… solo que aqui no son lo suficientemente valientes para admitirlo (tanto hombres como mujeres)

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  2. Juan A. Puntové dice:

    Acá es un horror admitir ser puto. Como diría mi amiga Julita Aataburuaga, las cosas se hacen por la espalda en este Chile cínico e hipocrita que me carga

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  3. Aby dice:

    Demasiado bello para ser verdad
    soy ignorante, lo reconozco. tengo 16 y aún no he empezado a vivir.
    según lo que he escuchado Chile es un país prospero, tiene un buen presidente, un PIB altisímo, etc. Un país rico dentro de esta latinoamerica de porquería, sumida en la pobreza.
    que vaina, que pesar que se la cagen por ser tan intolerantes. por no dejar ser a los demás. que culo les importa si un tio quiere con un tio, o una piba con otra.

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