Confesiones desde Narnia

Abraham Lincoln small

Desperté con el culo adolorido de nuevo. Los “quickies” no son lo mío, definitivamente, pero cuando vives con tus padres y te tienes que levantar temprano para ir a misa, a confesar tus pecados, otro cuento canta el gallo. Porque sí, a pesar de haber salido de un colegio católico, de haber pololeado con minas y todo, soy más homosexual que Liberace encubierto. Y como varios del mundillo gay, vivo en el clóset, entre almuerzos familiares y noches turbias, salidas con “amigos”, besos en livings de solteros maduros que no irrumpirán en mi existencia, agarra amigos que aguantan culear y no ser pololos, porque ahí sí que se muere mi madre, mi padre, mi abuelo estira la pata y se revuelca en su tumba.

Es raro, ser gay y al mismo tiempo no serlo. Pero me quedaré en Narnia por un rato, en ese gran ropero con sexo esporádico, pornos vistas con miedo y pajas inconclusas ante sitios de hombres, que desaparecen con un click del mouse apenas entra alguien de mi familia a mi pieza. El otro día llamé a I. “I” es mi amiga, la partner, la fag hag por excelencia. Le conté mi resolución y solo me dijo “Pásalo bien y deja de huear”. Porque más encima, soy un gay medio cartucho. Quizás ahora saldré a discos gays, finalmente m aventuraré a Fausto, a lugares donde nunca, en mis veinte años de vida, he puesto un pie por miedo y recelo, y también, debo admitirlo, porque no me creo el cuento. “No soy guapo”, le digo, e I. se caga de la risa. La calle Bombero Nuñez será tuya, me dice, y luego me corta. Y yo quedo dudoso, extrañamente feliz ante esta posibilidad de ser un gay encubierto, pero asumido. Escribir desde el anonimato mis andanzas gays me da cierta liberación, pero al mismo tiempo, un pánico exacerbado. Alguien se va a dar cuenta, va a percatarse lo que tantas veces le he contado en secreto de piscolas y noches de vodka. O peor, mis padres conservadores llegarán a este sitio, de alguna forma u otra. Nunca se sabe. Esa es la lata de vivir en Narnia, constantemente temeroso a que te abran la puerta del clóset y te hagan salir a tropezones.

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3 Replies to Confesiones desde Narnia

  1. Lady dice:

    como dice “Nunca se sabe” y puede que sus padres ya lo hayan visto, ahora solo a preparar la mente y el cuerpo, porque pucha que va a doler!

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  2. Cristián dice:

    Mmm que interesante leer tu historia, yo también soy gay y tengo 17 años, y no tengo amigos verdaderos que sean gays, aunque hay personas que si me han invitado a lugares de ambiente gay realmente me da mucho nervio, porque me da un poco de inseguridad el cómo me sentiré en un lugar con gente que no conozco muy bien, realmente necesito consejos urgentemente y creo que tú has ya pasado por lo mismo o aún, no lo sé, te seguiré leyendo.

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  3. Juan A. Puntové dice:

    Cristián:
    Muchas gracias a ti por leerme. Te daré un par de consejos que en verdad, te van a facilitar la existencia:
    1. nunca, nunca hagas algo si te da nervio, lata, o simplemente no tienes ganas. Cada uno vive sus procesos, yo fui de uno muy largo, y hasta que te sientas seguro, mejor pasa de largo.
    2. lee mi nueva columna, que irá dedicada a ti con cariño.
    un abrazo

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