Como estoy haciendo dieta y yendo al gimnasio (okei, he ido un sólo día), me creo la raja. Ando más contenta y parece que echando más feromonas por las calles de la ciudad. El asunto es que por un asunto de trabajo tuve que reunirme con el tipo que siempre me gustó en tiempos de la universidad, pero con quien evidentemente nunca tuve una oportunidad.
Ese día me encrespé las pestañas y me puse un gloss bonito que tengo, le saqué el perfume de la Britney Spears a mi hermana chica (okei 2: quizás no soy tan ruda en al vida real) y partí a verlo. Tuvimos nuestra mini reunión (sólo tenía que entregarme unas cosas) y como ando dicharachera nos tiramos un par de tallas que dieron como resultado una pregunta que sonó increíble. Me dijo: “¿Te tienes que ir al tiro?”. Por supuesto que todo Santiago se paralizó y de un momento a otro no hubo más bocinazos ni gente gritando. Sólo se escuchaban unos perros que estaban ladrando y que un montón de palomas levantaron vuelo al mismo tiempo.
Le dije que no y me llevó a un local muy de barrio a comprar algo para almorzar. Verduritas para mí, obvio. Cuando iba a sacar mi billetera me hizo un gesto y me dijo (abro comillas nuevamente) “No, no. Ando con ánimo de invitar”. En ese momento balbuceé algo estúpido.
Nos fuimos a instalar a una placita cercana. Había un sol rico para sentarse en el pastito, claro que aquí viene el primer FAT FACT: a los gordos nos carga sentarnos porque sentados nos vemos aún más gordos, porque sentados toda la guata es un gran rollo aplastado.
Ahí empecé a ponerme incómoda, aunque le sonreí en todo momento, siguiéndole la conversación. Hablamos y nos reímos hasta que lo llamaron por teléfono y eso me dio tiempo para pensar en lo que estaba haciendo ahí. Es decir, yo con él. En una plaza. Un día de sol estupendo, almorzando una ensalada con pollo a la plancha… su ringtone de canción en francés y mis 94.5 kilos de peso. Supongo que los nervios me la ganaron y la rudeza autodefensiva pudo más. Cuanto cortó el teléfono se puso a cantar la canción de su ringtone mirándome. Su ringtone. Un clásico francés. Serge Gainsbourg o un similar. Mi impulso kamikaze me hizo tropezar algo parecido a “Ah, sí. me habían dicho que sabes francés. A la C. le encanta cuando hablas en francés. Claro que a la C. le encantas tú. A todos nos quedó claro que anda muy detrás tuyo”. El detuvo su melodioso canto y me miró. No tengo idea de cómo me miró, porque yo inyecté mi mirada a una hormiga que se llevaba una miguita de pan por el pasto. Yo me pregunto por qué no andaba con una pistola en la cartera, un botón de autodestrucción o por qué había nadie para cortarme en trescientos pedazos y hacerme un asado.
Por supuesto que luego de esa cuña mis intervenciones en la conversación fueron más bien monosilábicas hasta que nos despedimos y yo corrí a esconderme en un vagón de metro lleno, camino a la oficina. Patético. Es tiempo de asumir que nunca más tendré 17.
Posts relacionados:

pucha oh. no te autoboicotees cuestionandote el por qué de la invitación y disfruta el momento, ya?. nanai.
Gorda querida, calma. Te entiendo absolutamente el momento de boycott. y sigues siendo mi gorda ruda favorita, a pesar del lapsus britney
Nanai sin autoboicot, saludos de otra que se cosió la boca (ok,tengo que bajar como 1000 kilos, y me da flojera)así que leer su columna me hace sentir acompañada
ya somos dos rudas
No te preocupes por el suicidio por defensa propia, sigue sintiéndote mina!
SIEMPRE me pasa
boicot boicot boicot
El mino por algo te invitó a sacar la vuelta. No eres ni fea ni tonta. Disfrútate como al resto le gusta disfrutarte. La vida es una y es ahora.
gran columna!!! felictaciones!!