Hace tiempo, es más, creo que nunca había visto tanto despliegue comunicacional en Chile en pos de la salvación del medio ambiente. Es decir, sí hubo algo respecto a la depredación de la Barrick Gold en el norte del país (Pascua Lama), pero nunca algo tan ordenado, bien organizado, con actores hablándoles muy sentidamente a la comunidad y todos pidiendo el cumplimiento de palabra de campañas políticas. Insólito. Tanto, que de verdad creímos lograrían detener la construcción de la termoeléctrica en Punta de Choros, una de las reservas de flora y fauna más importantes del mundo.
Hoy, el proyecto termoeléctrico Barrancones se aprobó: 15 votos a favor y apenas 4 votos en contra en la COREMA (Corporación Regional de Medio Ambiente… ja ja).
Esos 15 votos provienen nada menos que de la bancada del Presidente quien había declarado expresamente su rechazo a la construcción de este tipo de industria.
Ahora muchos de nosotros esperamos que el mismo, enarbole banderas de heroísmo y a través de sus espejos que llama cámaras de TV, aproveche la jerarquización del aparato estatal para oponerse a tan ominosa construcción. Aunque signifique una inversión de 1100 millones de dólares y aunque el lobby implique sobornos descarados.
Mas información: www.chaopescao.cl
www.salvemospuntadechoros.org
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Comprometida Maga:
Lo de Punta de Choros. Lamentable.
Sin embargo, a mi me inquieta lo otro. La salvación.
Como sé de su elevado intelecto y natural ingenio, comparto con usted mi kantiana apreciación.
No sé si, en realidad, nuestro imperativo categórico deba ser “salvar” a alguien o a algo, uno mismo incluido. Creo que el imperativo categórico es “hacer” algo, o “decir” algo, en determinadas circunstancias, sin esperar que, necesariamente, logremos el objetivo deseado…
Un filosófico consuelo para estos atribulados momentos.
Ayudándola a sentir.
Si debemos salvar algo es porque, en primer lugar, ya dejamos la cagada (si me permite su elevado intelecto tan soez lenguaje
y encima, permite que ciertas figuras concientes del poder de las imágenes, saquen créditos por algo que ellos mismos -junto a todos quienes le apoyan- provocaron. Y el silencio… lo de no hablar de política ni de religión, por ejemplo, sobre todo para mujeres en mi queridísimo país, empeora, si cabe en esto, la desmejorada situación.
Ay, Maldonado, gracias por ayudarnos a sentir, gracias por sus palabras.