Me cargan los moteles. Estoy chato de los moteles. Y como vivo en el clóset, parece que es mi destino intermitente pasar en moteles. En lugares rasquitas, donde hay que llegar con la shala para bañarse y el condón en el bolsillo, porque ni siquiera hay para moteles pro. Salgo con puros fracasados.
Me junté con C. en el NRG café, a resolver el mundo. A estas alturas de mi existencia, C. es la única voz de razón sin juicio de valor agregado. Ahí, entre puchos varios y café cortado y té helado, hablamos de la vida y de su vida y del hecho de que él es mucho más hardcore gay que yo. En resumen, soy un mino “mino”. Un gallo aminado. Que no soporta el motel rasquita, que anda como un señorito y que prefiere pasar sin sexo antes que hacerlo sin bañarse.
“¡¿Cómo, cómo, cómo?!”, me dijo sorprendido.
“Me da asco. Hay tres cosas en la vida que me cargan: los malos olores, las cosas flaites y los minos que lo hacen sucios y con calcetines puestos. Lo encuentro atroz”, dije, sorbiendo mi café.
“Eres un cristalito. ¿Y nunca lo hay hecho así, ultra rough, como venga la cosa?”, me pregunta.
“No. Nunca”, respondo, medio avergonzado.
“Eres un cartucho. Tú, mi amigo, eres un mino”, me puntualizó. “¿Y dónde conoces a minos que te aguanten?”, me dice, intrigado.
Pff. Gays encubiertos hay en todos lados. Pero me baja la onda de si seré o no muy cristalito. Antes y después del sexo hay que bañarse, of course, y la cosa demora su buena hora en calentarme. Quizás no soy tan gay como creo que soy. Quizás toda mi vida he sido hetero y no he querido asumirme. Quizás no me gusta tanto la hueá a fin de cuentas.
J. me habla de sitios como manhunt y gaydar y le digo que eso lo encuentro un poco sórdido. Que no tengo uno. Y él, ahora que volvió a hablarme, dice que debo hacerme una página para conocer a gays de verdad, hombres-hombres que me den como es debido, me dice con cara lujuriosa. Que tengo que dejar de perder el tiempo en antros hetero esperando encontrar al gay de mi vida. Quizás tiene razón. Quizás deba meterme más de una al mundo gay. No sé. Díganme ustedes. Igual me da miedo hacerme un perfil y poner una foto. El mundo es muy chico. Quedo atento a sus ideas.
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Querido, tener un perfil de esos es una decisión difícil, supongo. Un amigo gay encontró el perfil de un funcionario de la universidad hace un tiempo y a pesar de que es un secreto que preferimos guardar, cada vez que lo veo me acuerdo de que decía que es un hombre robusto y que le gusta el bondage. De que es un riesgo, lo es, pero como todo en la vida, tienes que puro poner en la balanza y ver si le vas a sacar más provecho o es más el susto que podrías pasar. Quizás lo más recomendable antes de dar ese paso es salir del clóset o hablar con otro que esté en tu misma situación. You never know. Te mando una nalgada cariñosa.
Estimadísima:
Toda la razón. Pero igual, si no es ahí, dónde buscar? Encuentro a puros pelmazos, quizás la opción es no poner foto? O no poner cosas raras? Lo estoy pensando seriamente, porque enconrar gays encubiertos en lados heteros me está generando un cuestionamiento que no me banca el psicólogo.
Como buen imàn de pelmazos que soy (o fui) uno de mis amigos siempre me dijo que uno atrae lo que cree merecerse en el momento. ¿te pasarà eso?
Porque al final si es eso, lindo da lo mismo si te haces un perfil o 10 o no lo haces; los pasteles lloveràn y te dejaràn solo con la crema encima (if you know what I mean)
Quizás, deManeraBrutal, dices todo lo que debería haber pensando. En una de esas sí ando con la actitud de “merezco a pelmazo”. No lo sé. Nunca lo había evaluado. Veré como me va esta semana con mi lindo gaydar. De ahí te cuento, y obvio que a pesar de que me llueven pasteles, pido la crema separado. Soy lady.