Quedé desnudo. Literalmente, claro, pero también emocionalmente. Quedé hecho pebre. Tuve el primer quiebre de la vida, fuerte y mal y no hay día en que no me pregunte si quizás era karma por todas las cosas malas que he hecho en la vida.
Terminé. Y quedé mal, aunque yo fui el que dijo “no más”. Una nebulosa complicada, donde mi relación se fue al diantre, porque no sé en qué momento se fue al diablo todo. Quizás cuando yo pensaba en noviembre y en viajar, mientras que él decía “capaz que no estemos juntos para ese entonces”. Igual fuerte que tu pololo piense que no dan para tanto. Que no te apresures, porque la cosa no va a funcar. Luego, peleas tontas, en crescendo, y luego conversaciones por msn y e-mail y fotos y chat, y luego blackberry Messenger y Whattsup y toda la shit que implica conversar sobre pensar en que quizás no somos el uno para el otro. Horror.
El punto final: estábamos los dos en distintas sintonías, por eso no podíamos, no podemos ser felices. Y digo, es todo mi culpa. Debe serlo. Y me da furia ser el que tenga la culpa y llamo a R.R y a J. y a C. y a todas las letras de mi abecedario arcoíris fleto y digo: necesito una intervención. Y aunque pensaba más en aires de vodka y sentir nada, como en Sex & The City, partimos to the rythm of the night con los que apañan, y damos una vuelta por 105 y .G y tantos otros bares donde me embriago leve, pero totalmente. Y por eso, en circunstancias anormales en que nunca nunca nunca y no sé qué, entramos a la Búnker a ver a Francine Francoise o como chucha se llame esa gorda fea, a la Nicole Gaultier que de Gaultier tiene bien poco la hueona pooobre, y me da ataque de risa, risa llanto y me enfrasco en un mutismo y me siento en un rincón, en una silla solo.
Luego llega un viejo, a quien miro con cara de vagina, luego viene un musculosín, un tipo que se parece a Cirilo, y finalmente, un hombre-hombre, de polera y zapatillas y su barba sin afeitar, de esos que tienen guatita y contextura de hombre normal. Y nos miramos, me mira, me mira, y yo no sé cómo reaccionar, solo me doy cuenta que tiene un tatuaje y me mira, me mira el Chico Tatuaje y luego se acerca y me invita a otro rinconcito, se nota que estay mal, me dice, y me hace cariño, y yo me quiebro, me entrego a un acto de cariño, y lo último que recuerdo es estar absolutamente desnudo, como una prosti, al lado de un tatuaje de serpiente flaite en el brazo, una espalda bien hombre, en una cama en Vitacura y pensando que solo quiero sentir nada.
El Chico Tatuaje se despierta y va a buscar bebida. Eructa, bien hombre, se escucha desde la cocina, cosa que me calienta un poco, y cuando vuelve me mira con cariño-pena, mientras yo me quedo enredado entre las sábanas, con la nada y el vacío, la caña y el dolor. Se acerca y me pregunta si estoy bien, me pida que le prometa que nunca más haré lo que hice, de irme con un extraño, y le digo, no eres un extraño, eres C.T., y él sonríe y me besa, y aunque no es mi ex, besa y bien y rico y hace que no piense en nada, y me pierdo, me pierdo, me pierdo, en sábanas y sexo vengativo y oscuro y me quedo así toda la noche, sintiendo nada más calentura.
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