Me preguntó si me gustaba su olor mientras intentaba cambiar la cinta de mi máquina de escribir. Me costó procesar la pregunta, no supe bien a que se refería en principio, pero apenas hice la primera pregunté entendí a qué se refería.
All posts by Diego Sepúlveda
Acoso Laboral
Sufrí acoso laboral una vez. 5 años atrás. Yo trabajaba en una productora, tenía bastante que hacer, pero generalmente no lo hacía, pasaba la mayor parte del tiempo riendo con mis compañeros de trabajo. En aquél lugar también trabajaba una mujer 5 años mayor que yo. Jamás hablamos mucho, compartíamos un par de opiniones al almuerzo, nos reíamos de un par de cosas, pero nada más allá de eso. En el escalafón de las personas cercanas a mí ella era la número 7 y yo en el de ella debo haber sido el 15, de 16 personas que trabajábamos en los proyectos. Ella estaba en la mitad de mi ranking, porque sencillamente con los otros 8 no cruzaba palabra.
El Lector Privado
Ya no leo tanto como quisiera, por el contrario siempre encuentro una excusa que me acomoda lo suficiente para no cesar en mi falta de interés. Las disculpas van desde decir que tengo trabajo a decir que no tengo tiempo en general, que me gusta demasiado la lectura para encapsularle en unos escasos y agobiantes minutos en el metro o la micro y ahora que recorro el asfalto en bicicleta mucho menos, podría morir si fuera leyendo. Podría morir de todas formas e ir leyendo lo haría, cuando menos, interesante.
Pedir Comida
por Diego Sepúlveda
El año pasado en Pitchfork entrevistaron a Julian Casablancas. Le preguntaron que era lo que más le gustaba de Nueva York y él respondía que las posibilidades que tenía de pedir comida a domicilio hasta bien entrada la madrugada. En Inglaterra no existía eso. Para reforzar la idea citó a Woody Allen; “No es que quiera pedir comida china a las 3 a.m. pero al menos quiero tener la posibilidad de pedirla” decía el neoyorkino más famoso del mundo.
El domingo pasado mi polola me pidió un helado del Bravíssimo antes de irnos a dormir, como nos queda a pocas cuadras del departamento partimos. Yo esperaba que estuviera cerrado con tal de devolvernos sobre nuestros pasos y dejarnos caer en Burger King que estaba incluso más cerca de la casa y para el que tenía un 2×1 gracias a la promoción del metro.
Me carga el Bravíssimo, aparte de que te atienden mal te ofrecen cosas que no tienen. Mientras yo veía qué podía pedir entre el mar de plasticidades que abundan en ese lugar mi polola miraba los sabores. “Uno de tres sabores” dijo mientras se paraba a la vitrina de los helados. Al rato saludaba a un amigo de ella que trabaja ahí, el tipo le armó el barquillo, se despidieron y después vino a sentarse.









