Durante el verano me fui de viaje a Europa. En mi paso por España coincidí un día en Barcelona con un concierto que dio Bebe en el Palacio de la Música Catalana. El lugar estaba repleto y tuve que comprar unas entradas que quedaban en el segundo piso del lugar -que es como el Teatro Municipal -detrás del escenario. O sea, veía a Bebe de espaldas. Ella se preocupó de saludarnos -a los que estábamos ahí -y a veces nos cantaba. Pero la mayoría del tiempo veíamos su espalda, y cómo sus pechugas saltaban pequeñitas sin sostenes en una polera suelta, sin espalda.
Debo decir que el público que estaba en el concierto era de los más variopinto. Habían hombres y mujeres en la misma cantidad, de todas las edades, pocos jóvenes (y uno pensaría que Bebe es gusto de pequeña españolita púber), y la mayoría se sabía todas las letras, todas las variaciones, eran como yo: fans de Bebe de tomo y lomo.
Concidía también que en esa época yo estaba saliendo de una depresión que me tenía comatosa, así que escuchar temas como “Busco-me” o “No + llora” fue una catársis de proporciones, y gocé el concierto como si estuviera descubriendo el efecto de la música en el alma. Supongo que recorrí el mismo proceso que Bebe en su segundo disco, el Y. (2009). Y siempre que la escucho siento que he andado un camino larguísimo para llegar hasta donde estoy.
Por eso me emocioné cuando me llegó al mail este video, el segundo de una serie de virales que presentan a Bebe en medio de la grabación de su tercer disco, aún sin nombre, que está siendo producido en Francia. No se sabe nada del lanzamiento, pero la música de fondo augura un sonido bastante distinto a sus primeros dos discos. Tal vez ahora se pone más hip hopera, o qué se yo. Pero me imagino que la gente que la vio en el Palacio de la Música Catalana la va a seguir escuchando, haga lo que haga. Porque sus letras seguirán siendo sinceras, sanadoras y a veces bailables.