Es que no puedo estar tan contenta porque Robbie Williams volvió a los Take That. Me siento en una máquina del tiempo hacia uno de mis happy places de la vida: el tiempo de mi calcetinerismo en su máxima expresión.
Pero señor, señora, no se apure en empezar con sus inútiles argumentos de que son basura y todo, porque eso lo sabemos, así que no se agite. A mi los Take That no me gustan por su música (aunque hay un par de canciones que son mis máximos guilty pleasures). Es sólo que para mi representan tantas cosas que definieron la persona que soy y -que por estos días- me agrada. Eso hace que les tenga cariño infinito. Así que si, me quedo expectante, con los ojos brillantes a ver qué sale de esto. Ojalá salgan vivos de esta re-unión.
PS: Absténganse de las tallas del tipo “es un buen día para los gays” y lo de “Take Fat”. We heard’em all before (y son malas).












