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Reseña: Babies, el documental

No sé si me hubiese gustado tanto Babies si la hubiese visto antes de ser mamá, porque en verdad, y no sé por qué, nunca me atrajeron mucho las guaguas. A pesar de eso, ahora que tengo una estoy utterly in love, le celebro como pelotuda cada una de sus funciones corporales y hago cosas que a los ojos de mi yo-de-18 serían incomprensibles. Lo cierto es que encontré riquísimo el documental, en parte visceralmente (cómo no identificarse), y también argumental y estéticamente.

Durante la película observamos de cerca el desarrollo de cuatro guaguas: una niña en Tokio, otra en una tribu Namibia, otra en San Francisco y un niñito en Mongolia. Se retratan -sin voz en off, sin narradores que intervengan más que la perspectiva del director mediante la cámara- las diferencias, las interacciones y las similitudes de los niños, quienes se desplazan entre la hiper-urbanización japonesa hasta la vida tribal en Namibia. Se comparan los partos, los distintos niveles de medicalización de estos, los métodos de lactancia, las libertades y restricciones en la crianza. Un chupete hecho de un pedazo de grasa atravesado por un fósforo para Bayar, el niñito mongoliano; el nacimiento de Hattie, la estadounidense, donde la invaden cables y máquinas,  la afición de Ponijao en Namibia por la tierra, los huesos secos y el agua corriente, la interacción de Mari con la tecnología en los reducidos espacios de Tokio.

Más allá de la conexión y el interés que uno pueda sentir como mamá chocha, pienso que el documental revela el tratamiento de la infancia en distintas culturas y eso es precisamente lo que lo hace relevante. Reflexionar sobre la crianza como un proceso ideológicamente cargado es necesario para la humanidad completa, para mejorar y hacer cada vez más integral el tratamiento y modelación de la infancia, que al fin y al cabo, nos atañe a todos.

El día de la mujer: historia de un parto

fuego

Voy a regalarles un cliché bien sentido: hoy es el día de la mujer pero nos da lo mismo, porque acá nosotras celebramos a las mujeres todos los días. A pesar de eso, tengo que decir que este día de la mujer es muy distinto para mí. Es emocional. Estoy muy emocional ahora, estoy hipersensible. Me siento terriblemente mamífera y reproductiva y feminista, y es desde ahí que hoy necesito escribir de una experiencia individual, que a pesar de existir en mí misma, existe en todo el orden las cosas. Es también universal.

El 24 de enero de 2011 nació la Dominga, mi hija, un día antes de que empezara a agitarse Egipto. Ese mismo día se quemó una iglesia frente a la clínica donde estábamos, y el incendio se veía implacable. La cruz ahí desmoronándose y todo, rabiosamente poético. Ahí decidimos que su segundo sería Ignacia, porque viene de ‘ignis’, ‘fuego’ en latín. Así que de esto quiero hablarles: de cómo fueron las cosas ese día. Si en el día de la mujer quiero escribir de mi parto y mi encendida maternidad, no es porque piense que las mujeres son necesariamente madres, al contrario. Me interesa repasar una experiencia que biológicamente y culturalmente nos atañe a todas, de alguna u otra forma, y que el feminismo ha analizado y reflexionado como la probable causa de la inequidad de género y la subordinación. No es la maternidad en sí lo que ha subyugado a las mujeres en el curso de la cultura y la historia, sino que las significaciones culturales que se han construido alrededor de esta. Les hablaría harto de esto pero es más largo que la cresta así que los refiero a dos autoras que han planteado el tema: Gayle Rubin en “El tráfico de mujeres” y Francoise Hèritier en “Maculino/Femenino, I y II”.

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El trágico suicido sexual del Lofiforme

Estoy segura que todos se acuerdan de esta escena de Buscando a Nemo, donde aparecía ese pez monstruoso -no, pero monstruoso en serio, mírenlo- que de tan feo parece inverosímil. Es una escena memorable, especialmente porque el pobre pescado es más feíto que la cresta. El pez, nevertheless, existe. Y eso no es todo…

Bueno, queridos lectores, este mostrito es una NENA. No es femenina ni delicada, pero es una fina mujercita-hembra perteneciente a la especie de los LOFIFORMES. Pero espérense, esto no es lo mejor (peor): ¿se imaginan entonces, con una señora así, cómo serán los machos de esta especie?. Entonces, la tenemos a ella:

y lo tenemos a Él:

Lo sé. Estámos atascados entre el ‘ewww’, el ‘awww’, y el ‘WTF?!’. ¡PERO TODAVIA NO LLEGA LO MEJOR (PEOR)! Atento, querido lector…

Obvio que nos estamos preguntando ahora cómo se reproduce esta parejita, o que el macho debe ser harto esforzado, chiquitito pero empeñoso, qué se yo. En realidad es harto más que sólo eso: el macho está dispuesto a pasar por el sacrificio más horrible (literalmente, creo que nunca me había enterado de algo peor) con tal de unirse sexualmente con su amada.

El macho encuentra a la hembra a través del olfato, luego de una trágica vida de hambre y desesperación. Se acerca a ella, la muerde, hasta que una enzima en el cuerpo de la hembra disuelve la boca del macho, luego sus intestinos, su cerebro, hasta dejar solamente sus testiculos adheridos a la superficie de la hembra para que ella los use cuando le den ganas.

Directo desde wikipedia:

Cuando un macho de esas especies sale del huevo, ya está equipado con un olfatoextremadamente desarrollado para detectar aromas en el agua. Su aparato digestivo se va atrofiando, con lo que son incapaces de vivir independientemente. Deben encontrar una hembra rápidamente, o sus reservas se agotarán y morirá. Los órganos sensibles olfatorios le ayudan a detectar las feromonas que señalan la proximidad de una hembra. Cuando la halla, se pega a su flanco, y segrega una enzima que digiere la piel donde toca, y su boca se fusiona con la hembra a nivel de vasos sanguíneos. El macho luego se atrofia para tener solamente las dos gónadas y emitir semen en respuesta a las hormonas en la sangre de la propia hembra, indicando la presencia de un óvulo a fecundar. Éste es un ejemplo extremo de dimorfismo sexual. Así, siempre la hembra tiene al macho listo para fecundar.

¡HORROR!

Para una buenísima versión de esta trágica/guácala/awesome historia, visiten este link de The Oatmeal y ríanse o lloren (pero no les va a dar lo mismo):

http://theoatmeal.com/comics/angler

Esa cara de pato ahueonao que ponen las minas en las fotos

Oye, tú. Tú que me estás leyendo, sí, tú, sé que lo has hecho. Te encuentras frente al lente seductor de una cámara y no se te ocurre nada mejor que poner esa cara de hueona que juras que te hará ver bien. Sabes de lo que hablo: los labios tirando un beso deforme, esa terrible carita-de-pato que te hace ver más tarada de lo que te imaginas.
No, no es lindo. No, no es sexy. Mejor dejaré que Anti Duckface hable por mí y que veas por ti misma el dolor, el horror, la conmiseración aristotélica y que te redimas de una vez, bitch. Así que pégate una catársis y DEJA DE HACER ESA CARA HUEONA (y si no te pegái la catársis, te pegái un tiro no más).

Post scriptum: somos minas y no tiraremos la primera piedra. Deléitate con las mejores duckfaces de las humildes servidoras que te escriben:

Hombres que parecen lesbianas viejas

Antes de volver a clases y pensar en cosas inteligentes e intelectualmente sustanciosas, y después de pasar por experiencias traumáticas, réplicas sucesivas, tragedia, dolor, resquebrajamiento social y moral, cambio de mando (traumático para mi mini-Marx interior), y tal y tal, les traigo acá un merecido recreo cerebral: un blog acerca de HOMBRES QUE PARECEN LESBIANAS VIEJAS.

Me encantan las lesbianas. Y los hombres. Y la gente vieja. Eh. En fin, creo que el título del blog habla bien por sí mismo, así que sin más bla-blá, les dejo el link y algunas maravillosas fotos de hombres que parecen lesbianas viejas.

Más AQUI

Así pasé el terremoto

En pelotas. En Santiago. En un noveno piso. Bajando por unas escaleras envuelta en una sábana, a punto de sacarme la cresta en cada paso. Nunca había sentido que la tierra se moviese de forma tan violenta y con un ruido tan abrumador y descalibrado.

Recuerdo haber encontrado mucha gente abajo. Mucha. Algunos perritos, mascotas. Recuerdo haber vuelto a subir los nueve pisos corriendo sin sentir nada, nada de cansancio ni agitación. Comprobé que la adrenalina actuaba como si me hubiesen dotado de superpoderes (FUCKED UP SHIT, pero en serio). Entonces se me cruzó la imagen de mi papá, viejo y sin poder bajar escaleras ni caminar por sí mismo. Fui hasta el departamento de mis papás unas cuadras más allá vestida con jeans y polera y estaba todo oscuro. Pisé vidrios, escombros. Hablé con ellos por el balcón y no sentí frío, a pesar de que me decían que sí hacía frío. Vuelta a mi edificio y todos reunidos alrededor de una radio y yo aún sentía temblar, confundida. Hoy ya han pasado varios días y ya sabemos toda la devastación y la precariedad, y a pesar de quienes hemos tenido la suerte de no haber perdido nada ni nadie, es imposbile no relacionarse con todo el dolor.

Ahora creo que tengo stress post-traumático o algo parecido. Camino y siento náuseas, mareos, siento temblar a cada rato y estoy en un estado de alerta indeseable. Hoy en LUN se explica algo acerca de este síndrome de “mareo en tierra”, y tengo todos los síntomas (el artículo completo AQUI). Echo de menos, eso sí, que no se señale alguna solución para mitigar el malestar.

¿Cómo lo pasaste tú? Nos gustaría saber, y aumentar el registro de todo lo que ha pasado esta semana sobrecogedora. Deja un comentario o mándalo a nuestro mail, spm.radiouc@gmail.com

Lovely Valparaíso

Valpo es tan encantador que no me daban ganas -no, ni un poquito- de acercarme a un computador mientras estuve allá. Lo único que quería era caminar y comer, así caminé más que la cresta y comí idem. Omnomnom. Tengo algunos lugares para sugerirles por si de repente andan por allá; unos más caros que otros, pero todos ricos.
Bottom line is que la onda no se fuerza: Valparaíso es seductor sin quedarse pegado en el intento, es genuino y rico y un poco rugoso en los bordes.

Embarázate Weona: LAS OFICINAS DE TWITTER

Perdonen mi francés, pero puta que están ricas las oficinas de Twitter. Miro mi teléfono roñoso sobre un escritorio herido, medio cojo, y un poster de Porky en las paredes oscurecidas de mi oficina y pienso: TUITER ME GUSTÁI DÉJAME TRABAJAR EN TUS OFICINAS. Y no es chiste: los cabros están contratando.
Si Twitter is not your thing, échale un vistazo a los lugares de trabajo de Facebook y Google, que también son algo parecido a una fantasía modernista hecha metal, madera, color y diseño.

¿Te gustaron las fotos? Más por acá

Oye Colún: Yo viví en el sur y la hueá no es mágica

Lo dije de forma divertida, pero esto en realidad no es divertido: el sur no es un cliché barato. Me molesta en serio. Sé que el sur de Chile es un territorio implacable de lo bello que es, y sé que tiene que ser protegido y respetado. Pienso en aquello y recuerdo la naturaleza sobrecogedora y el silencio y los bosques como catedrales. Pero es que el sur me duele, me duele, me duele esta Araucania que he conocido, ese terreno de materia humeda y oscura de la regeneración. Decir que el sur es mágico es instalarlo en una categoría caricaturesca, indigna, ridícula; es mirarlo con ojos tarados, es instalarlo en un discurso comercial que no hace más que perpetuar el freak show cruel que mantiene el sur atascado en un lugar otro, pintoresco, uy que bonito para ir en el verano, oye. Qué mágico.

Hueón, no me vengan con que el sur es mágico si la Araucania es la región mas pobre de Chile, la más fracturada y la más violenta. Es la región que vive sometida a sistemas antiguos de latifundios mal concebidos, a estallidos de dolor que se arrastran hasta antes de que existiera el Park Lake o el viaducto del Malleco, o los cercos territoriales en la Octava. Discriminación, fragmentación, precariedad. La represion, disparos. Caza de animales. Caza de personas. Violencia insitucional. Chile escindido por arrasar con culturas, hogares, territorios. La deforestacion tampoco es monopolio de la novena, ni la explotacion indiscriminada de whatever se venda bien en Japón, como las granjas de salmones enfermos en la de Los Lagos. Estas hueás no tienen nada de magico. El sur necesita respeto, acción critica. El sur no es carretear en Pucón ni una anécdota chilota ni una postal de las semanas musicales de Frutillar. El sur es en gran parte precariedad, desigualdad y violencia, y debería dolernos para empezar a hacer algo.

Pat Robertson: Haití tiene un pacto con el Diablo

Ayer en la noche veía a Sergio Lagos en El Hormiguero saltando como monicaco, como siempre, así mismo, así como lo conocemos (y queremos, y nos carga) todos. Frenético. Así y todo, Lagos dijo una gran verdad: “ESTAS PRUEBAS SON PELOTUDAS”. Estos concursos son pelotudos, este programa es pelotudo. Fue rico escucharlo, porque el reconocimiento de la pelotudez allá donde la pelotudez reina (como el caos reina, según el zorrito de Lars von Trier ), dice que la cuestión no se toma tan en serio, que hay conciencia –algo de- de que somos lo que somos y ya.

La pelotudez que me enferma, la peligrosa, es aquella que no se sabe pelotuda. Que no se reconoce, y que se toma en serio. Un predicador evangelista de la tele gringa, Pat Robertson, salió con que el desastre en Haití es consecuencia de pactos demoníacos que habrían celebrado los locales para independizarse de Francia, porque sí po, TODOS SABEN QUE HACER UN PACTO CON EL DIABLO ES LA FORMA MÁS FÁCIL Y SIN CONSECUENCIAS DE CONSEGUIR LAS COSAS.

PAT ROBERTSON: “Algo pasó hace tiempo en Haití, y la gente de ahí quizás no quiera hablar de eso. Estaban bajo el yugo de los franceses. Tú sabes, Napoleón III y como sea. Y entonces se juntaron e hicieron un pacto con el diablo. Ellos dijeron “Te serviremos si nos liberas de los franceses”. Esto es cierto. Entonces, el diablo dijo “OK, tenemos un trato”".

Un portavoz de Robertson señaló que este se refería a los rituales de vudú que se practicaban en la isla por parte de la rebelión de esclavos contra la Francia colonial en 1791 y “no a la ira de Dios”. Pelotudo con ganas.

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