Si bien ésta es una noticia, me tomaré la libertad de tomármela a título personal para comentar y despotricar como se me plazca. Después de todo, ésa es la gracia de SPM y si no le gusta, no le voy a decir adónde irse porque a nadie aquí le pagan por promocionar otros sitios.
Para bien o para mal y para la simpatía o el horror de mis amigos melómanos, siempre me ha interesado el fenómeno Justin Bieber. Principalmente, porque habla de un cambio social en el que es el público el que se ha adjudicado la función de subir a artistas a algún trono, donde los menores de edad tienen un poder de consumo casi ilimitado a través de sus padres, quienes como trabajan todo el día y son incapaces de decir que no a nada (porque “podría traumar al niño”), hacen colas de horas y pagan bastantes sueldos mínimos para que la pendejita vaya a ver a su ídolo. Ojo, no estoy diciendo que esté ni bien ni mal (esa opinión me la guardaré para mí), pero es algo que pasa y es imposible ignorarlo.
Ahora, el punto es el siguiente: de cierta manera, me escandaliza un poco ver que hay tanta niña histérica porque se quedaron sin una entrada para Justin Bieber; me pone un poco nerviosa que haya niños adolescentes tatuándose imágenes de Miley Cyrus (true story…), vistiéndose como ella y llorando desconsoladamente por no haber podido verla. Con esto como antecedente, era cuestión de tiempo que este tipo de fanatismo se mezclara con esa mina que vendía su virginidad por internet para pagar sus estudios. Y sí, queridos amigos: hay niñas que usaron su primer tampón hace no más de una semana y ahora, literalmente, ofrecen el honor de perforar su himen a cambio de un ticket para Justin Bieber (lo puse de una manera bastante dramática para que se den cuenta en verdad de cuánto me escandaliza).
Me revienta sonar prehistórica con todo eso de “Todo tiempo pasado fue mejor”, pero ¿soy la única a la que le choca un poco todo esto? Y sí, puede que la niñita en cuestión haya estado agarrándonos a todos para el hueveo, pero ¿no es eso incluso suficiente para ponernos en el escenario de que, tal vez, sólo tal vez, estamos haciendo algo mal? Como sociedad, digamos. E insisto: no me malinterprete, porque esto no tiene nada que ver con que sea o no Justin Bieber. Podrían ser quinceañeras haciendo lo mismo por Axel Rose (sólo por poner un ejemplo), y la cosa sería bastante similar.
El punto es que porfavor no nos confundamos. Esto no es sólo una estrella de fama mundial aterrizando fortuitamente en nuestro país. Esto se trata de un fenómeno social que habla de una muy nueva forma, no sólo de consumir, sino que también de vivir la infancia y la partenidad. Esto es más grande que Justin Bieber y aún más grande que cualquier estrella Disney, y a la hora de apuntar dedos veamos bien a quién le vamos a pasar la cuenta.