La primera vez que escuché a Carolina Nissen fue en la radio. Y fue súper extraño, porque cosas tan finas, bacanes y elegantes no se te suelen acercar en esos contextos. El invierno del año pasado estaba brígido y “Pienso en ti” era una estufita sonora de poco más de tres minutos que arrugaba el corazón de lo linda que era.
A pesar de que estuviera en la radio, no era de las que se aparecen hasta en la sopa o se repetía en todas partes hasta el hastío. Era una joyita que se iba a descubrir solo si había disposición. En www.carolinanissen.cl estaba su primer disco, grabado en los estudios Triana durante el 2009 con canciones que habían aparecido solo un poquito antes.
Justamente en este asunto, el de las canciones y la relación de Carolina con su música, es donde quizás aparece lo más fascinante. Egresada de Pedagogía en música en la cálida ciudad de Valdivia, Carolina Nissen siempre estuvo más ligada a lo clásico que a lo popular y más a las aulas que a los escenarios.
Pero el 2008 se atrevió y todas sus estructuras doctas dieron paso a elementos más populares. Melodías sencillas al oído, pero con arreglos interesantísimos y estructuras exquisitas que atrapan y producen adicción. No por la fuerza, sino por la razón y la emoción que solo logra una canción bien hecha.
Pop melancólico del bueno, no de ese que se limita a tenerle rabia al macho y a bailar en los videoclips. Olvídese de las mediocres exponentes del pop chileno (todas menos la gran Javiera Mena) o de encontrar algún refrito de alguna bacanidad extranjera. Carolina Nissen es tan original y deslumbrante que llega a dar gusto.
