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Reseña: ONO pleasure

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Recibí el Ono como quién sonrié por un regalo que no entiende, de parte de una tía que vive en el extranjero y te dice que es lo “más in” del momento.  Lo dejé encima de mi cama y por casualidad mi hermana se encontró con él: “Parece una pieza de decoración”, me comentó mientras lo sacaba de su caja. Y es verdad: tiene una textura suavecita que te dan ganas de pasarte por la cara (pero mejor que no porque tarde o temprano va a estar en tu vagina), además que es bonito así para mirarlo, pasaría piola en la casa de un hipster como centro de mesa.

Es extraño este aparato: esta diseñado para que te sientes sobre él y lo dejes vibrar. Además, trae una especie de “chupón/ventosa” para que lo pegues en la tina del baño y te des una sesión amena con burbujas de desconocida procedencia. Yo lo hice todo. O casi todo: lo que pasa es que el Ono pleasure es una gran idea, pero es muy pequeño como para que te arrodilles sobre él. Les juro que lo intenté, pero no lo logré y eso que soy super flexible (pregúntenle a mi pololo, le encanta esa hueá). Así que le encontré funcionalidades alternativas que me dieron hartos tiritones.

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Reseña: Angles – The Strokes

Salió a la venta el esperado, pero ya a estas alturas desinflado, “Angles”, el (ojalá) último disco de los Strokes.

Y menos mal que antes de esta fecha clave el álbum empezó a circular por la web, porque entre toda la buena onda que exudaba la banda liderada por Julian Casablancas en los medios, lo único que se vislumbraba era un resultado interesante y novedoso enmarcado en esa filosofía Stroke que no conduce hacia nada menos ambicioso que poner el mundo de cabeza.

Pero no. Parece que la buena onda en realidad era apatía y lo que se escucha no es nada más ni nada menos que una obra que se aprecia recién cuando se observa desde distintos ángulos, distintos estados emocionales y diversas disposiciones. Y como yo, y ustedes supongo, son gente sin problemas importantes de personalidad múltiple y ansiosos de escuchar música sin tanto trámite mental de por medio, el nuevo disco de los estadounidenses resulta una soberana paja.

Primero, porque las expectativas eran demasiadas para un disco tan mediocre, con canciones que te vuelcan a un estado mental donde las ves, una tras otra, como esos cabros chicos llorones de los malls. Una serie de berrinches pop que parecieran que se esforzaran para fastidiar.

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Reseña: “Justin Bieber: Never Say Never”

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Apuesto a que ninguno de ustedes creyó que llegaría el día en que en SPM fueramos a ver la película de Justin Bieber y la reseñaramos. Bueno, ese día llegó. Lo que aún no sospechan, es que contra todo pronóstico y prejuico, “Justin Bieber: Never Say Never”, nos cautivó.

No se asuste, señorita, caballero, no nos hemos vendido (no aún…). El tema es que esta película es imposible verla desde un prisma neutro y, como podrá imaginarse, no puede ser medida con la misma varilla que a la última de Sofía Coppola. “Never Say Never” hay que verla como parte de un fenómeno cultural (algunos hasta podrían esgrimir que social), que no tiene precedentes y que no sólo habla de nuevas costumbres de mercado, sino que también de una nueva forma de ver a la nueva música pop.

¿En resumen? “Never Say Never” es un programa de VH1 con aires de documental. Sabe a cualquier “Behind The Music”, con la gran diferencia de un presupuesto más alto, más acceso a la estrella y, por supuesto, el 3D. Toda la narración se centra en la primera presentación de Justin Bieber en el Madison Square Garden, hito dentro de la hasta ahora corta carrera del cantante, considerando que es la arena más importante del mundo y que el show se agotó en unos impactantes 22 minutos. Desde ese punto, te cuentan la historia de cómo este niño canadiense de mamá soltera sorprendió a Usher, se tomó YouTube y se convirtió en un caso digno de estudio. La historia es interrumpida por las canciones del concierto de Nueva York, mostradas en su apogeo en tres dimensiones, y el constraste del pasado con la actualidad de Bieber.

Ahora, la pregunta del millón: Si no tengo la pieza tapizada de posters del susodicho pre púber, ¿vale la pena que la vaya a ver?. ¿Nuestra respuesta? Sí, y la razón es muy simple: “Never Say Never” puede ser vista de muchas maneras y todas tienen su gracia. Obviaremos la visión del fan, ya que es evidente que aunque sea la peor cinta del mundo, sigue siendo de Justin Bieber y con eso basta. Nosotras tenemos nuestras propias obsesiones, por lo tanto, lo entendemos. Sin embargo, la visión analítica de la película es bastante interesante, ya que la manera en que Justin Bieber llegó a ser quien es, es como un cuento de hadas 2.0, donde las fans por medio de las redes sociales lo coronaron como su rey. Pero dejando el análisis pop-sociológico y obviando cualquier tipo de juicio sobre su casi nulo valor documental (no sabrás nada que no se haya dicho en un especial de E!), “Never Say Never” es una película que ayuda a entender la locura de tantas adolescentes (y pre-adolescentes), por las pegajosas canciones de Bieber.

Si te gusta Justin Bieber, no necesitas que yo te convenza. Si no te gusta o te da lo mismo, dale una oportunidad y tal vez salgas de la sala con una canción pegada en la cabeza. Luego te vas a dar cuenta de que no es ni la mitad de desagradable de lo que habías imaginado.

Reseña: Ice Touch

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Así como lo ven en la foto, el Ice Touch es un pequeño vibrador que puedes meter al refrigerador y darle “punta” de hielo. La idea es que lo puedas utilizar en pareja, como parte del juego previo, de la calentura. Es una idea tentadora para el calor del verano, totalmente, pero lo mejor de todo es que también lo puedes usar en días nublados… el efecto es el mismo.

Lo que pasa es que cada vez que me juntaba con +1 para usar el Ice Touch, me olvidaba de meterlo al refrigerador antes, entonces llegaba él,  yo ponía el aparato en el freezer, y de ahí la calentura me poseía y no alcanzaba a esperar ni 10 minutos y ya me tiraba encima del pobre hombre.  Por supuesto, el juego no estaba listo, y nos tocaba esperar hasta otra ocasión. Así fueron pasando los fines de semana y finalmente terminé experimentando con el hielo ayer, el primer día nublado de marzo. Nublado y con frío.

El efecto que tiene el Ice Touch abarca varios aspectos. Primero porque sirve para jugar a provocar: haces masajes y acaricias con el hielo y no con el cuerpo, armando una previa endemoniada. Tiene un pequeño vibrador -con una sola velocidad -que lo hace más  placentero. Además, le agrega una cuota de dominación cuando mantienes el hielo mucho tiempo en un sólo lugar hasta generar un poco de dolor (Ojo que eso lo logras sólo al principio, cuando el hielo está recién salido del refri. Después, cuando se empieza a derretir, cuesta más que congele la piel). Y finalmente, cuando dejas de usar el hielo y metes las manos en la masa, el calor de la piel se siente más rico, más intenso.

Por supuesto, vas dejando mojado al otro, y ahí ya tienes más que lamer. Otro forma original de usarlo es hacer que se derrita en partes especiales de tu cuerpo y exigir que te sequen… me acuerdo y me río, hueona. Lo mejor de todo es que estaba nublado y hacía frío, pero el efecto del hielo lo único que hizo fue calentarnos más.

El Ice Touch sirve un millón para provocar, para armar tensión. Viene con un recipiente donde apoyarlo en caso de que se te salga la bestia y no alcances a derretir el hielo, así lo dejas apoyado en algún lado y no mojas nada más.

Para comprarlo, lo puedes hacer entrando al sitio de Japi Jane o en su tienda. Más información acá.

Y si no te alcanzan las lucas, estamos regalando un cupón de 10,000 para que lo canjees en Japi Jane. Sólo tienes que dejar un comentario pidiendo tu cupón, y ya estarás participando. Así de Coca Cola somos.

Reseña: “Somewhere”

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Sofía Coppola es una mina especial. Ella tiene una visión, una estética y un ritmo. Todos muy particulares, muy femeninos. Ella se toma su tiempo en mostrarte las cosas y se preocupa de que estés escuchando la música apropiada mientras lo haces. Esta fórmula ha funcionado antes: lo comprobamos con la bella “Marie Antoinette” y con la notable “Perdidos en Tokio”. Sin embargo, hay un decir en gringolandia que dice “enough is enough”, y “Somewhere” es donde la cosa sencillamente tiene que parar.

“Somewhere” cuenta la historia de Johnny Marco (Stephen Dorff), un actor de Hollywood en el peak de su carrera que, deslumbrado por las libertades que su vida le da, se la pasa entre el trabajo, su Ferrari último modelo y las fiestas. Marco está tan desconectado con la realidad, que vive en un hotel donde el staff hace de su familia y donde le hace el favor a toda mujer que gratuitamente se le tira. Su cable a tierra llega en la forma de su hija Cleo (Elle Fanning, la hermana chica de Dakota Fanning), a la que tiene que cuidar cuando su madre decide irse porque necesita un tiempo, y que cuando se va, deja a Marco cuestionándose qué está haciendo con su vida.

Esta historia la hemos escuchado millones de veces, e incluso Britney Spears tiene una canción al respecto (“Lucky”, para los que no adivinaron), y dado que la historia es tan cliché, el deber de la Coppola era, básicamente, entregarle algo extra que hiciera que valiera la pena sentarse por la eternidad que dura esta cinta. Sin embargo, aparte de locaciones pseudo interesantes y una linda fotografía, la directora no entrega nada y trata de que el espectador se conecte con la pobre y perdida alma de Johnny Marco dedicando tomas larguísimas a su soledad.

Lo más destacable de esta película es su economía, su simpleza, que la hacen muy bonita al ojo. Sin embargo, los elogios se quedan ahí, ya que las actuaciones de Dorff y compañía pasan rotundamente desapercibidas, haciendo que Chris Pontius (sí, el tipo de Jackass), sea el que más se lleva la atención por la rareza de su aparición.

En conclusión: “Somewhere” es una apuesta segura para cualquier fanático de Coppola, a pesar de que los inteligentes diálogos de “Lost in Translation”, el ritmo atrapante de “Marie Antoinette” o el dramatismo de “Las Vírgenes Suicidas”, no estén allí ni por si
acaso.

Reseña: Amigos con Derechos

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Por Alejandro Bruna

Es Natalie Portman. Esa es la cruda verdad. Es gracias a ella que esta cinta funciona; por ella y porque las mejores frases son para ella, dichas por ella y para que ella reaccione, aunque no es la primera vez que Portman interpreta a una mujer difusa, frágil y encantadoramente sagaz. Pero si en “Closer” lloraba con Damien Rice de banda sonora, en “Amigos con Derechos” llora tragicómicamente cantando Leona Lewis y su “Bleeding Love”, en la primera comedia romántica que hace esta gran, gran actriz.

Emma (Portman) se ha topado en diversas ocasiones con Adam (Ashton Kutcher) al quien de una forma bizarra considera “amigo”. El último encontrón es mientras Emma está ocupada terminando su internado médico y Adam intentando ser guionista. Un día, tras la calentura del momento y de tener sexo fantástico, Emma le pregunta a Adam si quiere que sean amigos con derecho, a lo que este accede. Las reglas son simples, pero la más importante es que entre ellos no habrá nada romántico.

Quizás el mayor problema del film es que, en estricto rigor, Emma y Adam no son realmente “amigos”, pues solo son conocidos que deciden profundizar una relación más sexual que amistosa. Que uno se enganche y el otro no, es otra cosa. Lo que sigue es predecible (uno se enamora, otro insiste en mantener las reglas) y el guión es simplón, pero entretenido. La cinta cumple con todos los clichés necesarios para una buena comedia romántica: momentos incómodos, besos inconclusos, peleas públicas – bien públicas – y disculpas grandiosas, además de la canción coreada para el momento triste y un gay amigo que aconseja. La química entre Portman y Kutcher es genial y afable, pero falta un guión más agudo para sacarle provecho a los momentos tiernos y dulces de la actriz nominada al Oscar por “El cisne negro”, que brilla por sobre Kutcher en esta cinta que es para tomarla con liviandad y, simplemente, entretenerse.

Reseña: Skyline

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¿Cuál es el verdadero objetivo de las películas de ciencia ficción? ¿Efectos especiales, fantasías, propuestas antropológicas, simple y pura entretención explosiva? Supongo que un poco de todo, y algunas con ciertas preferencias más cargadas que otras. De todas formas, en su mayoría el objetivo parece ser el entretenimiento del público a través de la magnificencia de las escenas, de los colores, de la imaginación de los directores y artistas detrás de, qué se yo, los Aliens de Giger o los Storm Troopers de George Lucas.

En el caso de Skyline nos encontramos en la delgada línea entre la ambición y el fail: alucinantes efectos especiales que justifican a medias los 90 minutos de película, y un lentísimo desarrollo de una historia que no tiene ni pies ni cabeza, y que bien podría haberse visto reducida a un buenísimo video clip de Daft Punk.

Digamos que una luz azul que te encandila hasta abducirte, una protagonista embarazada, un negro de hollywood con muchos recursos económicos y un conserje latino que maldice en español, deberían ser suficientes para armar una gran película de invasión alienígena. Pero no: Skyline termina presentándonos vaginas voladoras que buscan succionar el cerebro de los seres humanos, una bomba atómica que mágicamente no destruye la ciudad de Los Ángeles,  y protagonistas que nunca se transforman en héroes.

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Reseña: El Discurso del Rey

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Por: Alejandro Bruna.

¿Qué más se puede decir que no se haya dicho sobre esta ya ovacionadísima película? Doce nominaciones a los premios Oscar, taquilla y crítica resplandeciente, Colin Firth mejor que nunca, una fotografía perfecta, y secundarios con actuaciones potentes – Helena Bonham Carter y Geoffrey Rush presentan un timing cómico excelente.

Porque, OK, no es históricamente tan meticulosa y acuciosa como la dirección de arte, y sí, hay licencias dramáticas como en toda obra de ficción, pero es tan, tan agradable tener un guión estructurado, clever, bien escrito y con humor. Actuaciones notables, el único que hace guatear el rating es Timothy Spall y su Winston Churchill. Y lo más increíble y magnífico, como dice toda película de abuso y desorden alimenticio de Hallmark, es que todo está basado en un hecho real. ES un hecho real.

El Duque de York/Príncipe Alberto (Colin Firth) está felizmente casado con Elizabeth (Helena Bonham Carter). Lo único que lo descompensa son las obligaciones reales, pues su padre, el Rey Jorge V, lo insta a hacer discursos y lo pone a prueba, a pesar de que el tipo es tartamudo y ni siquiera es el primogénito que debe asumir la corona. Todo mal.

Oliendo que su hermano, el Príncipe de Gales (Guy Pearce) no podrá con el rol de ser Rey, Elizabeth consigue que Alberto tenga sesiones con un terapeuta del habla, Lionel Logue (Geoffrey Rush). Todo mejora, hasta que efectivamente Alberto debe asumir como Rey. El Duque de York/Príncipe Alberto ahora /Rey Jorge VI se ve obligado a aceptar la corona cuando su hermano abdica por amor a Wallis Simpson, una divorciada que lo aleja de la Iglesia y, por ende, de la realeza. Las complicaciones no tardan en llegar y el reto mayor será cuando el personaje de Firth deba hacer su primer anuncio público por la radio con respecto a la posición de Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial.

Lo bueno que tiene esta cinta sobre la solmene y flamante realeza británica es lo que le faltaba a esa ya brillante película de Helen Mirren, “The Queen”: humor. Humor de situaciones, humor para los intelectualoides, humor simple y humor burdo. Hay humor en “El Discurso del Rey”, pero un humor fino y complementario a una gran película, grandes diálogos y actuaciones que potencian el trabajo de relojería hecho a nivel de guión y filmación.

Reseña: Más allá del Cielo

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Por Alejandro Bruna.

No hay que pedirle peras al olmo. Una película de Zac Efron siempre será eso: una película de Zac Efron. Puede ser comedia o drama, pero siempre será una cinta que bordea la eterna liviandad del ser. Y en esta ocasión, aunque se despega del detestable Troy Bolton de la ya insufrible saga High School Musical, Efron sigue, a fin de cuentas, interpretando el mismo papel de chico bonito, musculosín, perfecto y adorablemente sufrido para sus fans.

En “Más allá del cielo”, adaptación del libro “The Death and Life of Charlie St. Cloud” de Ben Sherwood, Efron interpreta a Charlie St. Cloud, un adolescente que a pesar de haber sido abandonado por su padre, de tener un hermano menor apestoso del que tiene que hacerse cargo mientras su sufrida madre junta chauchas para su brillante futuro universitario, nunca deja de ser irritantemente optimista, feliz y perfecto – tanta paciencia, por Dios, tanta paciencia y cariño y we’re all in this together con el hermano chico. Charlie acaba de ganar una beca a la Universidad de Stanford, por su destreza en ese deporte de botes (¿botería? ¿Vela?) y todo parece ir viento en popa (no pun intended) hasta que, en un accidente automovilístico, él y su hermano MUEREN.

Así es, mueren.

SPOILER 1: Charlie vuelve a la vida. Su hermano no. Charlie sigue siendo irritantemente perfecto, sufrido, siempre listo para un comercial de Gap. Pero ahora todo es distinto. Se siente culpable porque su hermano murió. Deja todo y empieza a trabajar en el cementerio porque, SPOILER 2, tras sobrevivir su accidente puede ver a los muertos. Y se junta, todas las tardes, a jugar baseball con su hermanito fantasma, porque incluso en el afterlife Charlie adora al pendejo rabioso y llorón.

Esta versión teen de “Sexto sentido” no se queda en eso. En un minuto Charlie debe escoger entre quedarse con la vida de Thriller o seguir con su futuro y concretar una relación con Tess (Amanda Crew) una chica que desde el colegio que le tiene echado el ojo a Charlie. Esta decisión de Sofía es aún más cuática porque, SPOILER 3, la chica claramente está MUERTA.

En verdad, ninguno de los denominados “spoilers” son, efectivamente, spoilers, porque la película es tan obvia, sonsa y transparente como un plato de pantrucas. El final final no será revelado, porque la decisión de Charlie tendrá con el alma en un hilo a las seguidoras de Efron en esta película que mala no es, pero que peca de ingenua y de menoscabar al espectador con clichés tan obvios como la sexualidad de Juanito Yarur.

Reseña: El Vencedor

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¿Se han dado cuenta cómo la insdustria filmográfica ha experimentado, más que con los chick flicks, con los guyflicks? Para los que no se manejan, un guyflick es el equivalente masculino a una chickflick. En vez de tener romance de fuegos artificiales, tiene sexo romántico con un toque violencia/pasión; en vez de frustración convertida en llanto y helado, la guyflick, tiene frustración violenta que muy seguramente terminará con el protagonista en la cárcel o en algún embrollo de proporciones.

Sea como sea, “El Vencedor” (“The Fighter”), es, de tomo y lomo, una guyflick, lo que al igual que las chickflick, no quiere decir por ningún motivo que sean de menor calidad. La película cuenta la historia real de Micky Ward (interpretado por uno de los masters en “saber hacerla”, Mark Wahlberg), un tipo que quiere ser boxeador pero que nunca ha podido pegarle el palo al gato. A su lado se encuentra su hermano mayor Dicky (Christian Bale), un ex boxeador que lo entrena y ayuda. Como pasa en muchas relaciones de hermanos hombres, Micky mira a Dicky con admiración cuando en verdad, Dicky es un pastelón que olvidó su carrera a merced de las drogas. Asímismo, la mamá de ambos y que hace de la manager de Micky, también es un cero a la izquierda, lo que ha hecho que el pobre Marky Mark haya perdido todas sus últimas peleas y, por lo tanto, no haya llegado a ninguna parte.

La historia, como podrán imaginarse, muestra a Micky haciéndose camino a pesar de su familia, que más que ayudar, se transforma en un obstáculo. Obviamente, luego de muchos peaks dramaticos que no contaré para que les valga la pena ir al cine a ver “El Vencedor” (y como bien dice el título de la película), Micky tiene su gran oportunidad y la hace y todos enmendan sus errores y son felices.

Ahora, si la película es media predecible, ¿por qué ir a verla?

1.- Porque por predecible que sea la línea dramática principal, son los pequeños acontecimientos los que enriquecen esta historia. Además, soy una fiel defensora de la máxima que una historia, no por predecible, no vale la pena contarla.

2.- Porque la nominación de Christian Bale al Oscar como Mejor Actor de Reparto es más que bien merecida. El tipo encarnó al personaje de manera magistral, lo que ya lo hizo merecedor del Golden Globe. De hecho, es tanto así, que le roba la película a Mark Wahlberg, quien sólo podría tener el placer de una estatuilla dorada a modo de productor.

3.- Porque la emotividad de los hombres al verla es impagable y sólo comparable a la primera vez que las mujeres vimos “Miss Simpatía” o “Si Tuviera 30″. Será emoción masculina de la más alta calidad, por lo que si “The Fighter” es capaz de sacarle unas “manly tears” a los machos de la sala, lo más probable es que las féminas nos emocionemos igual. Lo que siempre es bueno.