La semana pasada debutó en CHV la versión criolla del famoso programa Britain’s Got Talent, con 30,9 puntos de rating en su momento más alto, cuando un participante le sacó lágrimas al jurado con su vozarrón en silla de ruedas. Anoche la hizo de nuevo, con cantantes y una bailarina discapacitada.
Esta serie de programas nacen, efectivamente, en U.K, pero el concepto se ha expandido mundialmente llegando desde Estados Unidos hasta Argentina, Francia, Australia…. siempre con el objetivo de rescatar talentos fundidos en lo cotidiano, ensalzarlos y luego, si el público quiere, hacerlos mundialmente famosos. El caso chileno está recién prendiendo el carbón: las personalidades de los jueces aún no se definen, talento real aún no se encuentra (con la excepción del cantante de ópera de Calama), pero sí que nos han sabido deleitar con vergüenza ajena, de esa extrema que no pensábamos existiera en Chile.










